viernes, 28 de septiembre de 2012



Luciano López Gutiérrez, autor de PORTENTOS Y PRODIGIOS DEL SIGLO DE ORO, nos cuenta que en aquella época se creía en la existencia de pueblos extraños, como los monoscelos, hombres de una sola pierna muy veloces y con un pie tan ancho que, si se tumbaban y alzaban la extremidad, podía darles sombra.


Gregorio Doval en ERRORES, LAPSUS Y GAZAPOS DE LA HISTORIA nos habla de Karl Scheele (1742-1786) un químico alemán que descubrió muchos elementos químicos, entre ellos el oxígeno, el bario, el manganeso y el cloro. Los ponía a prueba desgustándolos y, claro, así le fue. Murió intoxicado por mercurio. 


El rey matabele Lobengula fue engañado por el hombre blanco que ambicionaba su tierra rica en oro y diamantes. Fue perseguido y se envenenó para no caer en manos de los blancos. Sus guerreros le llamaban "el comedor de hombres". Nos habla de él Carlos Roca en su libro LA AUTÉNTICA HISTORIA DE LAS MINAS DEL REY SALOMÓN.

jueves, 27 de septiembre de 2012



El Cerdo Letrado causó sensación en la Inglaterra del siglo XVIII, proclive a los espectáculos con animales. El cerdo era capaz de arrodillarse, inclinarse, deletrar nombres usando letras de cartón y hacer cuentas. Estuvo varios años de gira por Inglaterra y Francia. Podéis saber más en FRAUDES, ENGAÑOS Y TIMOS DE LA HISTORIA.


En su libro OPERACIÓN VALKIRIA, Jesús Hernández nos explica que los conjurados querían acabar no sólo con Hitler el 20 de julio de 1944, sino también con Hermann  Goering, su sucesor oficial.

miércoles, 26 de septiembre de 2012



En el siglo XVIII, el mariscal duque de Lorges sufría de cálculos y supo que un tal Jacques Beaulieu los operaba. Como no se fiaba, buscó a 20 enfermos del mismo mal para que se sometieran a la operación, y todos sobrevivieron. El duque de Lorges se dejó entonces operar, y murió al día siguiente. ¿Casualidad? ¿Mala suerte?


Según nos cuenta Francisco José Gómez en su libro DIOSES, TEMPLOS Y ORÁCULOS, para los romanos no era importante conocer el origen del mundo o el destino de las almas. Lo esencial era que los ciudadanos mantuvieran una sana relación  con las divinidades y que éstas les protegieran de todo mal.