miércoles, 26 de septiembre de 2012



Según nos cuenta Francisco José Gómez en su libro DIOSES, TEMPLOS Y ORÁCULOS, para los romanos no era importante conocer el origen del mundo o el destino de las almas. Lo esencial era que los ciudadanos mantuvieran una sana relación  con las divinidades y que éstas les protegieran de todo mal.

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