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Hasta
finales del siglo XIX se creía que la matriz era un animal vivo que se
alojaba en el interior de la mujer y que reclamaba constantemente semen
masculino para concebir. Si no lo obtenía, se enfurecía y se desplazaba,
produciendo ahogos, sofocos y la llamada "bola histérica". Nos lo
explica Ana Martos en su obra HISTORIA MEDIEVAL DEL SEXO Y DEL EROTISMO.
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