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Gregorio
Doval nos cuenta en ERRORES, LAPSUS Y GAZAPOS DE LA HISTORIA que la famosa
Biblioteca de Alejandría tenía truco. Al parecer, a los viajeros que entraban
en la ciudad se les confiscaban los libros, que los escribas copiaban. El
original se quedaba en la Biblioteca y le devolvían al dueño la copia.
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