jueves, 5 de julio de 2012



"Más apasionante que una novela, la historia del último caballero europeo magníficamente escrita, documentada e ilustrada". Son las palabras que Juan Eslava Galán dedicó a EL ÚLTIMO NAPOLEÓN, de Carlos Roca.


El ingeniero norteamericano Robert Fulton (1765-1815), inventor del primer barco moderno de vapor, creó también una especie de submarino que avanzaba a vela en la superficie y era impulsado por los brazos de los tripulantes cuando navegaba bajo el mar. Gregorio Doval nos cuenta en ERRORES, LAPSUS Y GAZAPOS DE LA HISTORIA quién contrató sus servicios.

miércoles, 4 de julio de 2012



En su libro MAGALLANES Y ELCANO: TRAVESÍA AL FIN DEL MUNDO, Gabriel Sánchez nos cuenta que para los españoles, la desnudez de las aborígenes brasileñas era un hecho curioso, y que las muchachas les eran entregadas a cambio de utensilios. 


En 1833 el alcalde de un pueblecito mexicano, ante la falta de lluvia y la persistente sequía, dictó un decreto con dos simples artículos: 1- Si no llovía en ocho días, nadie iría a misa ni podría rezar. 2- Si no llovía en otros ocho, se quemarían iglesias, templos y asilos de sacerdotes y monjas. Podéis leerlo en CASUALIDADES, COINCIDENCIAS Y SERENDIPIAS DE LA HISTORIA.


Reginaldo Ustariz, autor del libro CHE GUEVARA. VIDA, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE UN MITO, es un boliviano afincado en Brasil, médico y periodista. Él fue uno de los pocos testigos que se encontraban próximos al cadáver del Che, en Vallegrande, poco después de que fuese asesinado por el ejército boliviano.

martes, 3 de julio de 2012



En su libro JESÚS, SEGÚN LOS APÓCRIFOS, de Beatriz Ontaneda y Rose Marie Paz, nos dicen que el cristianismo en la zona de Palestina en el siglo I era un conglomerado de sectas, cada una con sus propios libros sagrados y sus propios predicadores. Al final, el grupo que se asoció con el poder de Roma fue el que prevaleció sobre los demás, imponiendo su producción literaria a la fuerza: la Biblia.


En Guayaquil, Ecuador, la estatua del venerado poeta José Joaquín Olmedo (1740-1847) no es realmente lo que parece. Cuando la ciudad quiso erigirle un monumento, descubrió que el precio de una estatua nueva era prohibitivo. Una fundición les ofreció la de otro famoso escritor que, con algunos retoques, es la que erigieron en la plaza de la villa bajo el nombre de Olmedo. Nos lo cuenta Gregorio Doval en FRAUDES, ENGAÑOS Y TIMOS DE LA HISTORIA.