miércoles, 4 de julio de 2012



En 1833 el alcalde de un pueblecito mexicano, ante la falta de lluvia y la persistente sequía, dictó un decreto con dos simples artículos: 1- Si no llovía en ocho días, nadie iría a misa ni podría rezar. 2- Si no llovía en otros ocho, se quemarían iglesias, templos y asilos de sacerdotes y monjas. Podéis leerlo en CASUALIDADES, COINCIDENCIAS Y SERENDIPIAS DE LA HISTORIA.

No hay comentarios:

Publicar un comentario