viernes, 13 de julio de 2012



Eduardo R. Callaey, autor de EL MITO DE LA REVOLUCIÓN MASÓNICA, nos cuenta que ya en el siglo XI los constructores benedictinos otorgaban al mandil una connotación que superaba su carácter de atuendo para el trabajo del albañil. En algunas estatuas de grandes nobles puede observarse que portaban el mandil y, entre sus manos, un mazo y un cincel.

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