jueves, 21 de junio de 2012



Álvaro Lozano en su libro STALIN, EL TIRANO ROJO, nos cuenta que, aunque los principales colaboradores de Stalin se encontraban atemorizados por éste, no le obedecían únicamente por temor. Algunos sentían  la misma satisfacción por su trabajo que Stalin, y tampoco tenían ningún escrúpulo moral. Vivían en un estado continuo de paranoia, matando a otros para mantenerse con vida y durmiendo con pistolas bajo las almohadas. Mantenían una fe casi religiosa en el bolchevismo que justificaba tantas muertes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario