miércoles, 27 de junio de 2012



Con más de sesenta años, la famosa aventurera británica Freya Stark (1893-1993) depositó todos sus ahorros en un banco suizo a cambio de una pensión vitalicia. Para sorpresa de la institución financiera, Stark vivió cien años y los responsables del banco, desesperados, acabaron por mandar anualmente a uno de sus empleados a comprobar que seguía viva. Podéis leerlo en ERRORES, LAPSUS Y GAZAPOS DE LA HISTORIA. 

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