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Con
más de sesenta años, la famosa aventurera británica Freya Stark (1893-1993)
depositó todos sus ahorros en un banco suizo a cambio de una pensión
vitalicia. Para sorpresa de la institución financiera, Stark vivió cien años
y los responsables del banco, desesperados, acabaron por mandar anualmente a
uno de sus empleados a comprobar que seguía viva. Podéis leerlo en ERRORES,
LAPSUS Y GAZAPOS DE LA HISTORIA.
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