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Durante
el siglo XVIII una de las principales atracciones turísticas de Londres era
visitar el manicomio de Bedlam donde, tras pagar el importe de la entrada,
los curiosos podían observar a su antojo a los enfermos alojados allí. Lo
cuenta en detalle Gregorio Doval en ERRORES, LAPSUS Y GAZAPOS DE LA HISTORIA.
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